Violeta Bernardo, artista: “No concibo un mundo sin cultura; para mí, el arte es una necesidad”

Violeta Bernardo, artista de Sarria, decidió perseguir su sueño a pesar de crecer en una época en la que las mujeres debían ser solo madres y esposas; ella lo fue, pero también maestra y escultora
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8 Mar 2026

Jessica Fernández

¿Cuándo sintió que lo suyo era crear?

Mi amor por el arte surge desde que casi nací. Cuando era pequeña, dibujaba con lápiz en una pizarra o en un cuaderno y, sin darme cuenta, empecé a crear mis primeras instalaciones, que entonces ni siquiera sabía que se llamaban así. Es decir, me gustaba componer con distintos materiales un motivo que expresara un sentimiento, algo que para mí tenía sentido. Después del bachillerato, quería estudiar Bellas Artes, pero en mi casa no me dejaron. Hablamos de los años 70, cuando lo normal era que las mujeres fueran esposas y madres, como mucho, profesoras. Y yo quería estudiar, así que hice Magisterio en Lugo y, aun sin terminar la carrera, empecé a trabajar como profesora en La Asunción, donde estuve 45 años. Sin embargo, me casé y tuve mis hijos, pero seguía pintando y dibujando porque nunca lo consideré un pasatiempo; para mí era una necesidad. Después, cuando mis hijos ya eran mayores, decidí estudiar Artes Aplicadas en la Escuela Ramón Falcón de Lugo y allí descubrí la escultura. Me pusieron una Venus de Milo y un trozo de barro y me animaron a recrearla, y supe hacerlo. Me gustó tanto que me especialicé en cerámica durante cinco años, ya que me permite jugar con el volumen y el color; y en 1996 hice un curso de verano llamado Ceramista Modelador Escultor con Daniel Ríos Caxigueiro, quien me dijo que comprase un horno para poder cocer en casa mis esculturas. En 1997 me animé a participar en la Bienal de Fenosa, envié mi escultura ‘La mujer y el zapato. Zapatos para una vida’, y, sorprendentemente, fui seleccionada entre las finalistas de casi mil artistas a los que admiraba. A raíz de eso comenzaron a surgir exposiciones.

30 años después, ya es reconocida internacionalmente, ¿se siente orgullosa?

Tengo varias esculturas repartidas por la villa de Sarria, que es de donde soy, y eso me hace sentir orgullosa. Me costó mucho y durante años me negué a exponer porque era como desnudarme ante la gente; mostrar mis sentimientos, al final muestro lo que siento y mi vida. Pero cuando conseguí superar esos miedos, me presenté a varios premios y gané algunos, como en Burela, en la Bienal de Lalín, en la Bienal de Fenosa… Y no solo los premios, para mí fue una oportunidad siempre que pude exponer fuera. En Barcelona he expuesto varias veces, también en Madrid, y fuera de España he estado en París varias veces, en Holanda, Portugal, Italia… Y en Galicia he expuesto en Arzúa, en Ferrol y en los cuatro museos provinciales de Lugo. La ilusión que tenía era demostrar que lo que hacía merecía la pena, porque estaba cansada de oír “estás perdiendo el tiempo”. Realmente nunca me sentí apoyada, pero lo tenía claro. Trabajaba, tenía hijos, cuidaba a mis padres, cuidaba a mis suegros, cuidaba a todo el mundo, y estudié al mismo tiempo que trabajaba. Entonces, les parecía que cuando me ponía a hacer arte era como perder el tiempo, que tenía otras cosas más importantes que hacer, pero no era verdad, para mí era importante.

¿Se considera una mujer feminista?

Sí, muy feminista. Y mi obra también es feminista. Siempre trabajo sobre la mujer y sobre la naturaleza. Trato de contar una historia costumbrista a través de mis piezas, que son figurativas, no realistas. Más aún, mis piezas no tienen expresión. Es decir, construyo mujeres con su figura física, con todos los detalles, pero no tienen ojos, nariz ni boca, porque no quiero darles una personalidad concreta; mi intención es transmitir una idea, pero también que el público interprete a su manera lo que ve.

¿Cómo es el proceso de realización de una escultura?

Primero surgen palabras, cuento una historia. Y de esas palabras surge un boceto, porque en escultura hay que buscar los equilibrios. Además, no es plano, es en tres dimensiones y la hago hueca, solo tienen un centímetro de pared. Trabajo con un material blando que hay que ir endureciendo y, encima, empiezo por los pies, en vez de por la cabeza, que es la que da las proporciones del cuerpo, porque somos seis cabezas y media. Y si me equivoco, la pieza no sirve. Por eso hago primero un estudio grande y luego la realizo. Es un proceso que lleva meses, ya que hago las piezas grandes por partes, como un rompecabezas, porque no caben en el horno. Así también las puedo transportar para las exposiciones, porque, si fueran enteras, pesarían mucho.

¿Cuáles son las piezas que más le gustan?

Tengo un cariño muy especial por la primera, la de la mujer y el zapato, porque significó mucho para mí. Fue como el comienzo. Luego me gusta mucho la obra que tengo en Catro Camiños, aquí en Sarria, porque da mucha alegría que la gente la sienta como suya. También le tengo cariño a las piezas que tengo en tres museos de la Red Museística de forma permanente. Para mí, llegar viva a los museos es una pasada.

¿También crea piezas para asociaciones culturales?

Sí, la pieza de la Noite Meigas de Meigas e Trasgos es mía, colaboro también con la Asociación Cultural Huhú, creé una escultura que está en la ruta de Fiz Vergara promovida por la Asociación Ergueitas, y durante mucho tiempo participé en la realización de las alfombras del Corpus, aunque ahora ya no me da el cuerpo. En general, participo en todo en lo que me llaman, incluso estuve recientemente en los simposios salvajes en la Casa de la Cultura. En definitiva, no concibo un mundo sin cultura y eso también me lo inculcaron en casa, ya que mi padre era músico y tocaba en la Banda de Música de Sarria.

¿Tiene proyectos futuros?

Sí, voy a seguir trabajando en mi taller, y ya me han llamado para participar en dos exposiciones, una en verano y otra en otoño; pero prefiero vivir al día y no me gusta anticiparme, porque nunca se sabe lo que puede pasar, aunque donde más disfruto es trabajando en el taller. Allí soy feliz. Donde no tengo que dar cuentas a nadie y hago lo que me da la gana. Siempre he valorado mucho la libertad. Y una de las razones de trabajar y ganar un sueldo fue que quería hacer mi obra libremente, sin ataduras de ningún tipo. Ni de galerías, ni de instituciones en general.

Con respecto a Sarria, ¿está a la altura del ambiente cultural que promueve la sociedad?

Creo que ha mejorado mucho el apoyo a los proyectos culturales, pero la Casa de la Cultura es muy pequeña. Y en la antigua cárcel preventiva, que acoge exposiciones, tampoco hay espacio para mis muestras. Creo que la Casa del Marqués sería un lugar de exposición perfecto, pero la tienen paralizada. Hay mucha gente que quiere hacer cosas en Sarria y hay poco espacio. Creo que la parte artística, hablo de mi cultura, no se valora. Fuera de aquí me valoran, pero aquí… Tengo una pieza en Santa Mariña que está banalizada y abandonada; me ofrecí a rehacerla con otro material, pero no hay manera. No soy ambiciosa, ni pretendo hacerme millonaria, ni famosa, pero está bien que te den el valor que tienes. Y, sobre todo, lo que quiero es dejar mi obra hecha, dejar un pedazo de mí, porque es una manera de sobrevivir.

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