El Dépor vuelve a Primera

El Deportivo ya es de Primera. El equipo blanquiazul certificó el ascenso directo a la máxima categoría del fútbol español con una victoria en Valladolid, en una tarde llamada a ocupar un lugar especial en la memoria reciente del club. El conjunto coruñés llegaba al José Zorrilla dependiendo de sí mismo y respondió como exigen las grandes citas: con personalidad, pegada y una afición que convirtió el desplazamiento en una marea blanquiazul.
El partido arrancó bajo una intensa lluvia en Pucela y con un ambiente de enorme tensión competitiva. El Valladolid, ya sin grandes objetivos en la clasificación, trató de discutir la salida de balón del Dépor en los primeros minutos, pero el equipo de Antonio Hidalgo supo esperar su momento. Ese momento llegó pronto, en una acción a balón parado servida por Luismi Cruz que Nsongo remató de cabeza entre defensores para adelantar al Deportivo y acercar un poco más el sueño del ascenso.
El gol cambió el partido y también el pulso emocional de la tarde. El Valladolid intentó reaccionar y tuvo una ocasión clara por medio de Latasa, con un disparo desde la frontal que dejó un rechace peligroso en el área. El Dépor, sin embargo, no perdió el orden ni la ambición. Con el paso de los minutos fue encontrando espacios, apoyado en el trabajo de Villares y Mario Soriano en el medio, en la profundidad de los laterales y en la amenaza constante de Yeremay y Nsongo en ataque.
A la media hora llegó el golpe que dejó el ascenso muy encarrilado. De nuevo apareció Luismi Cruz, esta vez con un pase filtrado entre los centrales pucelanos. Nsongo atacó el espacio, quedó delante de Aceves y firmó el segundo tanto deportivista en una acción que rozó la épica: el portero llegó a tocar el balón, pero este acabó entrando después de golpear en el larguero. El 0-2 antes del descanso puso al Dépor a cuarenta y cinco minutos de regresar a la élite.
La segunda parte fue un ejercicio de madurez. El Deportivo ya no necesitaba correr más riesgos de los necesarios, pero tampoco renunció a jugar. Tocaba defender la ventaja, controlar los nervios y gestionar un resultado que valía mucho más que tres puntos. Cada despeje, cada recuperación y cada posesión larga fueron recibidos por la grada visitante como pasos hacia una fiesta que llevaba años esperando.
El ascenso cierra una herida larga. El Dépor había bajado de Primera en 2018 y desde entonces inició una etapa durísima, con golpes deportivos, decepciones y hasta el paso por la tercera categoría del fútbol español. La caída obligó al club a reinventarse, a reconstruir su estructura deportiva y a convivir con una presión enorme: la de una afición que nunca dejó de acompañar, pero que sabía que el escudo pertenecía a otro escenario.
El primer peldaño de la recuperación llegó con el regreso al fútbol profesional en 2024. Aquella promoción fue el inicio de una nueva etapa, pero el objetivo real seguía más arriba. El equipo necesitaba consolidarse en Segunda, crecer sin perder identidad y volver a competir con mentalidad ganadora. Esta temporada, bajo la dirección de Hidalgo, el Dépor encontró un bloque fiable, reconocible y capaz de soportar los momentos de máxima exigencia.
La llegada a la penúltima jornada ya mostraba la dimensión del reto. El Deportivo era segundo con 74 puntos, por detrás del Racing de Santander y por delante del Almería, y sabía que una victoria en Valladolid le daba el ascenso matemático sin esperar a la última jornada. La respuesta fue la de un equipo preparado para sufrir y competir, exactamente lo que pedía el partido.
La afición también tuvo su propio ascenso. Miles de deportivistas viajaron a Valladolid y otros tantos siguieron el encuentro desde A Coruña, con Riazor y la ciudad pendientes de cada minuto. El desplazamiento masivo a Pucela confirmó una vez más que el Deportivo es mucho más que un equipo de fútbol: es una identidad compartida, una memoria colectiva y una forma de entender la pertenencia a una ciudad.
A Coruña también vive el ascenso como una celebración colectiva. La ciudad está volcada con el Dépor, preparada para una fiesta que promete alargarse en las calles con el regreso a Primera. Como medida preventiva, el Ayuntamiento cerró la fuente de Cuatro Caminos, uno de los puntos habituales de celebración del deportivismo, para evitar riesgos durante las concentraciones de aficionados.
El 0-2 en Zorrilla tiene nombres propios, con el doblete de Nsongo y la influencia decisiva de Luismi Cruz, pero pertenece a toda una generación de deportivistas que atravesó los años más duros sin soltar la bandera. El Dépor vuelve a Primera ocho años después. Vuelve después de la caída, de la paciencia y de la fe. Vuelve porque nunca se fue del todo del corazón de su gente.