Las familias del CEIP Vista Alegre intensifican las protestas mientras la Xunta minimiza el deterioro del centro

La tensión alrededor de la situación del CEIP Vista Alegre de Burela continúa creciendo. Mientras las familias, la ANPA y la Federación de ANPAS de Centros Públicos de Enseñanza de Lugo (FAPACEL) mantienen las concentraciones semanales para reclamar una reforma integral del centro, la Xunta de Galicia insiste en rebajar la gravedad de las deficiencias denunciadas por la comunidad educativa.
El delegado territorial de la Xunta en Lugo, Javier Arias, aseguró este jueves que el colegio “se encuentra, en general, en un buen estado” y negó la existencia de problemas estructurales en las instalaciones. Unas declaraciones que llegaron precisamente cuando la comunidad educativa suma ya cuatro concentraciones consecutivas para denunciar unas carencias que, según las familias, llevan años acumulándose sin solución real.
Desde la administración autonómica se atribuye parte de la situación al “deterioro acumulado” derivado del supuesto abandono del Ayuntamiento de Burela en las tareas ordinarias de mantenimiento. Sin embargo, esta explicación provocó todavía más indignación entre las familias, que consideran que la Xunta está intentando esquivar sus responsabilidades sobre un edificio educativo público que presenta problemas visibles y persistentes.
Las protestas, convocadas cada jueves por la ANPA, tienen como escenario la pista del edificio número 1 del centro escolar. Las familias acuden con chalecos reflectantes y carteles elaborados por los propios niños y niñas con mensajes reclamando “un cole accesible y digno” o una “reforma integral ya”. La movilización ha crecido en las últimas semanas y se ha convertido en un símbolo del malestar existente entre la comunidad educativa.
FAPACEL decidió apoyar abiertamente las reivindicaciones y advirtió de que el estado del centro “ya no admite más demoras”. La federación provincial considera que no se trata de incidencias aisladas ni de simples cuestiones de mantenimiento, sino de un problema mucho más profundo que requiere una intervención integral y urgente.
Entre las deficiencias denunciadas aparecen humedades persistentes, posibles problemas estructurales, averías continuas en los baños, carpinterías deterioradas, fallos eléctricos y la inexistencia de espacios cubiertos adecuados para el tiempo de ocio del alumnado. Según sostienen las familias, muchos de estos problemas llevan años repitiéndose sin que las actuaciones realizadas hasta el momento hayan servido para frenar el deterioro progresivo del edificio.
Especial preocupación genera también la situación de la accesibilidad. FAPACEL alerta de que el centro no garantiza condiciones adecuadas para personas con movilidad reducida ni para alumnado o profesorado con dificultades temporales de desplazamiento. La entidad considera especialmente grave que una infraestructura educativa pública continúe presentando barreras arquitectónicas en pleno 2026.
Mientras tanto, desde la Xunta se insiste en destacar las inversiones realizadas en los últimos años. Javier Arias recordó que el Gobierno gallego destinó alrededor de 75.000 euros al centro en los tres últimos años para actuaciones como la renovación de parte del cierre perimetral, la sustitución de luminarias o mejoras en la caldera y en los canalones.
Sin embargo, para buena parte de la comunidad educativa esas actuaciones resultan claramente insuficientes frente al estado general de las instalaciones. “No estamos pidiendo lujo. Estamos pidiendo lo mínimo: una escuela digna, segura y pública en condiciones”, insisten desde los colectivos movilizados, que consideran que la Xunta pretende presentar pequeñas reparaciones como soluciones definitivas a un problema estructural mucho más amplio.
La propia Federación de ANPAS subraya que el caso del CEIP Vista Alegre no es una situación aislada, sino el reflejo de un problema más amplio que afecta a numerosos centros públicos gallegos con décadas de antigüedad y escasas inversiones integrales. Según denuncian, la administración educativa lleva años apostando por intervenciones parciales mientras muchos edificios escolares continúan acumulando deterioros importantes.
La polémica aumentó después de que la Xunta calificase las reclamaciones de la comunidad educativa como “cuestiones puntuales”. Las familias consideran que ese mensaje supone una falta de respeto hacia las personas que conviven diariamente con las deficiencias del centro. “Pasan los cursos, pasan los inviernos y la administración sigue sin actuar”, denuncian desde FAPACEL, que acusa a la Consellería de Educación de prolongar una situación que consideran ya insostenible.
La federación reclama ahora medidas concretas e inmediatas: una evaluación técnica completa del edificio, la redacción de un proyecto de rehabilitación integral, la eliminación de las barreras arquitectónicas y la inclusión prioritaria del centro en los planes de inversión educativa de la Xunta.
Mientras tanto, las familias advierten de que las movilizaciones continuarán. La ANPA insiste en que seguirá convocando concentraciones semanales hasta obtener compromisos reales, con plazos definidos y financiación garantizada para acometer una reforma profunda de las instalaciones.
El mensaje lanzado por la comunidad educativa es cada vez más directo. Las familias aseguran que han perdido la paciencia ante años de promesas, pequeñas actuaciones y explicaciones que consideran insuficientes. “La educación no puede depender de la espera infinita”, repiten en las concentraciones celebradas a las puertas del centro.
En el fondo del conflicto late una crítica más amplia a la situación de la escuela pública. Los colectivos movilizados consideran que el deterioro del CEIP Vista Alegre evidencia la falta de planificación de la administración autonómica en el mantenimiento de las infraestructuras educativas públicas. Para las familias, no se trata únicamente de arreglar tuberías o sustituir ventanas, sino de garantizar condiciones dignas para el alumnado y el profesorado.
Por ahora, la distancia entre la versión oficial de la Xunta y el relato de la comunidad educativa continúa siendo total. Mientras la administración habla de incidencias puntuales en un centro “en buen estado”, las familias siguen concentrándose cada semana para denunciar que el CEIP Vista Alegre lleva demasiado tiempo esperando una solución real.