Manuel Martínez, alcalde de Becerreá: "A mí de aquí no me echa nadie, solo los vecinos"

El regidor de Becerreá, al frente de la Alcaldía del municipio desde 2007, confirma que se presentará a las elecciones para llevar a cabo proyectos con los que renovar los servicios públicos, mejorar las parroquias y transformar la capitalidad
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27 Sep 2026

Explíquenos un poco cómo se inició en la política y cómo se vinculó a su partido.

En los años 1973 o 1974 todavía vivía Franco, por lo que era complicado implicarse políticamente y había que hacerlo prácticamente en la clandestinidad. En aquellos años, el Partido Socialista estaba casi rozando el anarquismo. Después de la muerte de Franco, entre 1976 y 1977, fui destinado como profesor a Asturias, a Gijón. Allí conocí a un abogado de UGT que estaba en la misma división que yo. También entré en contacto con referentes socialistas de Lugo, sobre todo con Álvaro Moral, que mucha gente ya no recordará, y con Sarille, dos históricos del Partido Socialista. En aquel momento en Lugo existían el Partido Socialista Obrero Español y también el PSP, el partido de Tierno Galván. Fue entonces cuando entré en el partido y comencé a militar. No había expectativas de cargos ni de sueldos; simplemente luchábamos por unas ideas y por cambiar una sociedad que venía de 40 años de régimen, acomodada y sin libertad. A partir de ese momento participé en la creación y consolidación de las estructuras del partido. Era un trabajo duro y difícil porque éramos pocos y no había medios. Con el apoyo de personas como Sarille fuimos organizando agrupaciones locales, agrupaciones comarcales y otras estructuras. Yo comencé en la agrupación local de Baralla y después pasé a la comarcal. En el año 1986 me propusieron ir como número dos al Congreso de los Diputados, detrás de Varela Flores. Fue la primera vez que me presenté y conseguimos salir los dos elegidos. Estuve dos legislaturas en el Congreso con poco más de 30 años. Aquel era un Congreso en el que coincidías con personalidades como Suárez, Felipe González, Guerra, Martín Toval y también figuras de la derecha como Miguel Herrero de Miñón o Miquel Roca. Era un lujo; no tiene nada que ver con la plaza de verduleras en la que, a mi juicio, se ha convertido hoy el Congreso.

¿Cómo dio el salto o recibió el impulso para ser alcalde?

Soy alcalde de Becerreá desde el año 2007. Ya me había presentado anteriormente, pero había perdido las elecciones. Después de dejar el Congreso en 1992 seguí vinculado al partido, aunque como militante de base. Pero unos compañeros de Becerreá me dijeron que me presentase a la Alcaldía porque consideraban que era muy difícil derrotar al alcalde que gobernaba entonces, lo que así fue. Así, estuve dos o tres legislaturas en la oposición hasta que conseguí ganar las elecciones en 2007. Desde entonces sigo al frente del Ayuntamiento. Si no se hubiese producido la ruptura con el PSOE, las circunstancias serían distintas y probablemente hoy estaría otra persona. Pero debido a esa situación sigo aquí y voy a continuar presentándome a la Alcaldía. Lo hago por orgullo y por respeto a mi propia persona y a mis ideas, como cabeza de lista de Galicia Sempre, formación con la que llevo ya dos legislaturas. Yo creo que las cosas se hicieron bien en Becerreá y la ciudadanía respondió en las urnas. En la anterior legislatura tuvimos mayoría absoluta y en esta segunda hay oposición, pero a veces hay que asumir riesgos. Yo seguiré trabajando por Becerreá y por sus vecinos.

A nivel personal, ¿qué sacrificios supone formar parte del Gobierno del Ayuntamiento?

Estás disponible las 24 horas del día y pendiente del teléfono en todo momento, pero creo que eso forma parte del trabajo que tiene que hacer un alcalde: estar cerca de la gente, ayudar y tratar de resolver los problemas que van surgiendo a lo largo del mandato en el ayuntamiento.

¿Y beneficios?

Esto, una vez que te metes, es como una droga; es muy complicado marcharse. Muchas veces piensas en dejarlo, sobre todo cuando hay problemas importantes o cuando te ves desbordado, pero al final duermes y al día siguiente vuelves a empezar. Creo que las satisfacciones son muchas más que las decepciones. Yo estoy contento de haber dado este paso y de dedicarme a la política. Tanto en mi etapa en el Congreso como ahora en el día a día del Ayuntamiento, siempre he procurado mejorar la vida de la gente, a veces con cuestiones pequeñas, pero tratando de solucionar sus problemas y atender sus necesidades.

¿Cómo equilibra la vida pública y la privada?

Cuando empecé era muy joven y no tenía ataduras de ningún tipo. Con el paso del tiempo, las personas con las que te relacionas ya saben que esas obligaciones existen y que la política requiere mucha dedicación. A veces eso puede crear algún problema, pero siempre hubo entendimiento. A pesar de que también hubo momentos complicados, yo creo que tuve una vida tanto política como personal satisfactoria. Estoy contento de haberlo hecho y seguir aquí. A mí de aquí no me echa nadie, solo los vecinos.

Y si renueva en la Alcaldía, ¿cuáles son las principales actuaciones previstas?

Uno de los objetivos que nos marcamos al inicio de esta legislatura es transformar Becerreá y definir con claridad las distintas áreas de influencia de los servicios, concentrándolos en zonas concretas para mejorar la accesibilidad y facilitar que los vecinos puedan utilizarlos. Nuestra intención es crear una nueva plaza y un nuevo Ayuntamiento, moderno, accesible y con mejores servicios. El edificio actual presenta muchas deficiencias. En un primer momento se planteó construir la nueva casa consistorial en un solar y habilitar también una nueva plaza. Fue un tema que generó debate durante las elecciones y que incluso nos costó votos. Con el nuevo PAC también mejorará la accesibilidad a los servicios sanitarios de la comarca. Además, la residencia permitirá situar los servicios sociales a su lado. La zona educativa también está definida, aunque seguimos trabajando para reorganizar y concretar los distintos servicios en espacios específicos que contribuyan a marcar el futuro de Becerreá en las próximas décadas. Creo que vamos a conseguirlo porque tenemos prácticamente todo en marcha, excepto el proyecto de la plaza, que es especialmente complejo. Por la orografía de Becerreá, no es fácil diseñar un espacio que sea accesible y que, al mismo tiempo, funcione como punto de encuentro para los vecinos. Estamos trabajando en ello en contacto con la Fundación RIA y con distintos profesionales, y confío en que finalmente logremos un proyecto que cuente con la aprobación y el respaldo de los vecinos.

¿Cuáles son las principales líneas de su programa?

Nosotros tenemos un programa de continuidad porque en cuatro años es imposible llevar adelante todos estos proyectos. Es un trabajo que viene de atrás, de muchos años de gestión y negociación para sacar adelante iniciativas como el nuevo PAC o el nuevo Ayuntamiento. Una vez definidas esas áreas de servicios, nuestro objetivo es seguir mejorando la calidad de vida de los vecinos, especialmente en las aldeas. Queremos mantener los servicios básicos, garantizar buenas comunicaciones, contar con carreteras en buenas condiciones y aglomeradas, mejorar el alumbrado público, las traídas de agua y asegurar el abastecimiento, que es una cuestión fundamental. En definitiva, se trata de mejorar la calidad de vida de todas las personas, y especialmente de las que no viven en la capitalidad municipal. En la actualidad superamos los 3.000 habitantes, en buena medida gracias a la inmigración. Son personas que están plenamente asentadas, tienen sus negocios y forman parte de la vida diaria de Becerreá. Tenemos alrededor de 27 nacionalidades distintas, por lo que aproximadamente el 20 % de la población es de origen extranjero, lo que convierte a Becerreá en un ayuntamiento cada vez más diverso y abierto.

¿Cuáles considera que son las principales necesidades en su ayuntamiento?

Estamos trabajando para crear una Casa de la Juventud en la propia capitalidad, un proyecto que consideramos importante junto con la nueva plaza y con la puesta en marcha de la residencia, que es uno de los grandes objetivos para la comarca de Os Ancares. Nuestra intención es que los jóvenes dispongan de un espacio propio, pensado para personas de hasta 25 años. También nos gustaría transformar la travesía de Becerreá, aunque para eso necesitamos la colaboración del Ministerio de Fomento. Es un asunto más complejo, pero consideramos que existe una deuda histórica con Becerreá. En su día se construyó un falso túnel que, en la práctica, dividió la villa en dos. Lo que queremos es convertir esa zona en un paseo atractivo y seguro, donde la gente pueda caminar sin peligro y acceder con facilidad a los distintos servicios. Ya contamos con un pequeño proyecto, aunque somos conscientes de las dificultades económicas y administrativas que puede haber. En todo caso, seguiremos insistiendo. Por otra parte, desde la Diputación sentimos un olvido absoluto. Llevamos casi diez años sin recibir ni un euro extraordinario ni convenios de este tipo. Becerreá recibió únicamente lo que le correspondía por ley. Por su parte, la Xunta colaboró algo más, aunque sigue pendiente una demanda histórica como es la finalización de la carretera Becerreá-Sarria, que solo está ejecutada parcialmente. Otro de los retos importantes tiene que ver con el envejecimiento de la población y con la dispersión territorial. Queremos mejorar los servicios sociales para que los vecinos de las aldeas dispongan de las mismas prestaciones y oportunidades que los que viven en la capitalidad. Además, nos gustaría poder contar en el futuro con una piscina climatizada.

¿De qué proyectos se siente más orgulloso?

Uno de los principales objetivos fue transformar los edificios públicos de Becerreá. Tanto el Ayuntamiento como el centro médico o el colegio eran instalaciones antiguas, mal construidas, sin eficiencia energética ni accesibilidad y con un coste de mantenimiento muy elevado. Lo que buscamos es redefinir estos espacios y conseguir que se renueven por completo, con edificaciones adaptadas a las necesidades actuales, que superen todas esas carencias y ofrezcan mejores condiciones para la ciudadanía. Creo que ese era uno de los retos fundamentales, porque permitirá contar con infraestructuras modernas y funcionales que den servicio durante décadas.

¿Qué le gustaría que los vecinos viesen en usted como alcalde?

Yo siempre quiero que los vecinos opinen primero. Puedo equivocarme, pero las decisiones que tomo las hago asumiendo las consecuencias. Cuando llegamos al Gobierno en 2007 nos encontramos con una deuda de un millón y medio de euros y hoy el Ayuntamiento cuenta con un remanente de alrededor de tres millones y medio. Sin embargo, ese remanente está condicionado por una norma estatal que impide gastar más de lo que se gastó en el ejercicio anterior. El problema es que los costes aumentaron de forma muy importante. Los salarios se incrementaron alrededor de un 30 % y los materiales necesarios para ejecutar obras llegaron a subir cerca de un 50 %. Al mismo tiempo, el Ayuntamiento está obligado a mantener los servicios, pagar las nóminas cada mes y abonar a las empresas en tiempo y forma. Todo eso está condicionado por una normativa que, a mi juicio, debería aplicarse a los ayuntamientos con mala gestión económica, pero no a los que tienen las cuentas saneadas. Tal y como está formulada, impide en ocasiones mejorar servicios o afrontar actuaciones puntuales necesarias, incluso disponiendo de recursos propios. Por eso considero que el Gobierno debería revisar esa regulación.

¿Cómo es su relación con la oposición?

Hay tensión al principio de la legislatura, pero yo creo que tengo que agradecer a la oposición de Becerreá, a los dos partidos que están representados en el Ayuntamiento, su colaboración. No practican una oposición frontal que impida la acción del Gobierno; al contrario, cuando pueden colaborar, lo hacen, y eso es algo que yo agradezco.

 

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