Un estudio de la USC y el CSIC revela que el fuego crea oportunidades para las aves más afectadas por el abandono rural

Los resultados muestran una rápida recuperación de la riqueza y la abundancia de aves tras los incendios, mientras que las primeras fases posincendio favorecieron a especies en declive y con elevado interés de conservación
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3 Oct 2026

La Universidad de Santiago de Compostela (USC) y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), con la colaboración de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la Xunta de Galicia, estudiaron la respuesta de las comunidades de aves a los incendios forestales ocurridos durante los últimos 16 años en el Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés.

El principal hallazgo del estudio, publicado recientemente en la revista Fire, es que las comunidades de aves del Xurés recuperaron rápidamente su riqueza y abundancia tras los incendios, mientras que los primeros años posteriores al fuego crearon condiciones especialmente favorables para aves de matorral y espacios abiertos, muchas de ellas en declive y con elevado interés para la conservación.

El estudio se desarrolló en el marco del proyecto RESFIRE, en el que participan equipos del CREAF y de la Misión Biológica de Galicia (MBG-CSIC). Financiado por el Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades, tiene como objetivo estudiar los regímenes de fuego en los paisajes mediterráneos para reducir el riesgo de grandes incendios y favorecer la conservación de la biodiversidad.

“En un contexto de cambio climático y abandono rural, en el que aumenta el riesgo de grandes incendios forestales de elevada severidad, comprender cómo responde la biodiversidad al fuego resulta cada vez más importante. Sin embargo, los incendios forestales no afectan por igual a todas las especies ni todos sus efectos sobre la biodiversidad son necesariamente negativos. Por eso, acometimos este estudio para analizar cómo cambia la comunidad de aves a lo largo de los años posteriores al fuego y qué especies se ven favorecidas o perjudicadas durante este proceso”, explica Fernando García Fernández, del CSIC y primer autor del estudio.

El trabajo fue realizado por la Misión Biológica de Galicia (grupo de Ecología del Paisaje) y por la Universidad de Santiago de Compostela (Departamento de Zoología, Genética y Antropología Física, Facultad de Biología), con la colaboración de personal de la Universidad de Castilla-La Mancha y de la Consellería del Mar.

La metodología empleada combinó un registro de incendios de 16 años con seis temporadas reproductoras consecutivas de seguimiento de aves, entre 2020 y 2025. En total, se registraron 13.770 individuos de 67 especies en una red de 210 puntos de muestreo distribuidos por el Parque Natural.

Los resultados muestran una fuerte caída de la abundancia y de la riqueza de especies inmediatamente después de los incendios. Sin embargo, ambas métricas se recuperan rápidamente y se acercan a las registradas en las zonas no quemadas después de aproximadamente tres años. Esta rápida recuperación oculta, no obstante, respuestas muy diferentes entre tipos de aves. Las especies asociadas a matorrales y espacios abiertos alcanzaron abundancias superiores a las observadas en las zonas no quemadas, mientras que las especies forestales permanecieron por debajo de esos valores durante todo el período analizado.

“Que el número total de especies o de aves se recupere rápidamente no significa que la comunidad vuelva a ser la misma. Después del fuego unas especies disminuyen mientras otras encuentran oportunidades que prácticamente han desaparecido de los paisajes actuales”, explica Fernando García Fernández.

Las primeras fases posincendio concentran aves de mayor interés para la conservación

El valor de conservación de la comunidad de aves, calculado teniendo en cuenta el grado de amenaza de las especies a escala española y europea, alcanzó su máximo durante los primeros años después del incendio y permaneció por encima de los valores de las zonas no quemadas durante todo el período posincendio estudiado, que llega hasta los nueve años.

“Este patrón está relacionado principalmente con las especies de matorral y, especialmente, con las aves de espacios abiertos. Entre estas especies se encuentran la curruca rabilarga, la bisbita campestre o el roquero rojo. Muchas de ellas están experimentando importantes declives en toda Europa asociados a la desaparición progresiva de los paisajes agrarios tradicionales. El abandono de pastos, prados y cultivos favorece el avance de la vegetación leñosa y la homogeneización del paisaje, reduciendo la disponibilidad de los hábitats abiertos y de matorral que necesitan estas aves”, explican desde el equipo de investigación.

En este contexto, en territorios de montaña sometidos durante décadas al abandono rural, el fuego elimina parte de esa densa vegetación y abre claros, generando espacios abiertos y hábitats en fases tempranas de sucesión que estas especies necesitan para reproducirse o alimentarse.

Los resultados muestran también la otra cara de este proceso. Las aves forestales fueron las principales perjudicadas por los incendios y su recuperación fue considerablemente más lenta, porque reconstruir la estructura de un bosque requiere mucho más tiempo que recuperar una cobertura de matorral.

“La conservación no debería plantearse como una elección entre mantener bosques o conservar espacios abiertos, sino como la necesidad de preservar paisajes heterogéneos en los que coexistan bosques en distintos grados de madurez, matorrales y zonas abiertas. No existe un único estado del paisaje que sea óptimo para todas las especies”, explica Adrián Regos, investigador de la USC y coautor del trabajo.

En el Parque Natural Baixa Limia-Serra do Xurés, la recurrencia de incendios relativamente poco extensos generó un mosaico de zonas en distintas fases de recuperación, favoreciendo la presencia continuada de hábitats en etapas tempranas posincendio favorables para muchas especies actualmente en declive. Este régimen de incendios frecuentes y poco extensos contrasta con los grandes incendios forestales, como el de O Courel de 2022, estudiado anteriormente por el mismo equipo, donde se observó que los fuegos extensos y de alta severidad pueden reducir drásticamente la abundancia y la riqueza de aves durante las primeras fases de recuperación.

A partir de estos resultados, el equipo de investigación señala la necesidad de “avanzar desde un enfoque centrado principalmente en la extinción hacia una gestión preventiva del paisaje. Herramientas como el pastoreo extensivo, los desbroces selectivos o las quemas prescritas pueden utilizarse de forma planificada para reducir la acumulación y continuidad del combustible y, al mismo tiempo, mantener los espacios abiertos y los matorrales de los que dependen muchas especies en declive, que contribuyen al elevado valor de conservación de estos espacios protegidos”, explican desde el equipo de investigación.

Los autores inciden en que “no se trata de quemar más, sino de decidir dónde, cuándo y cómo queremos que el fuego esté presente en el territorio; una quema prescrita de extensión limitada, planificada y realizada bajo condiciones controladas y con objetivos ecológicos y preventivos, es muy diferente de un gran incendio forestal que se propaga de forma incontrolada bajo condiciones meteorológicas extremas”.

Para los autores, esta perspectiva resulta especialmente relevante en espacios como Baixa Limia-Serra do Xurés y, en general, en los paisajes montañosos del sur de Europa afectados por el abandono rural. Mantener una red de zonas abiertas, matorrales y bosques en diferentes estados de desarrollo puede contribuir simultáneamente a conservar la biodiversidad, disminuir la continuidad del combustible y construir paisajes más resilientes frente a los grandes incendios forestales.

En su conjunto, este trabajo constituye la primera caracterización integrada de las trayectorias posincendio de las aves a nivel de especie, grupos funcionales y comunidad en esta zona de transición biogeográfica entre las regiones atlántica y mediterránea.

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