El día que el campo vuelve a cobrar vida: la historia de la Malla de Os Casás

Por Noelia Uceira

Durante unas horas, el tiempo parece retroceder en Os Casás. El ruido de los motores vuelve a llenar el aire, el trigo pasa de nuevo por las antiguas máquinas y el trabajo que durante décadas formó parte de la vida cotidiana del campo recupera su espacio. Es el día de la Malla, una tradición que ya no forma parte de las tareas habituales de los vecinos, pero que cada verano vuelve para recordar cómo se trabajaba antiguamente en el rural.
Así era el trabajo de la Malla
La Malla era una de las grandes tareas que llegaban después de la siega. Una vez recogido el trigo, había que separar el grano de la paja y después limpiarlo para dejarlo preparado. Era un trabajo que requería maquinaria, pero también muchas manos, ya que las jornadas se realizaban con la colaboración de familias y vecinos.
El proceso que se recupera en Os Casás comienza con el trigo ya recogido. Se prepara y se forma 'una nena' de mayor tamaño antes de poner en funcionamiento las máquinas. Los motores hacen girar los mecanismos que permiten realizar la Malla y separar el grano de la paja, lo que se conoce en la zona como 'la trilladora'. Después llega la limpieza del trigo, para la que se utilizaba la limpiadora o la aventadora, otra de las máquinas recuperadas.

La forma de realizar la siega ha cambiado completamente con el paso de los años y la llegada de nueva maquinaria, pero la celebración de la Malla mantiene la esencia de aquel proceso. Como explican sus organizadores, 'lo que es la Malla, eso se hace como antiguamente'.
No se trata, por tanto, únicamente de poner en marcha máquinas antiguas. La recreación permite mostrar cómo se desarrollaba una tarea agrícola que durante décadas fue habitual en las parroquias rurales y que hoy prácticamente ha desaparecido de la vida cotidiana.
De una afición personal a una historia de Os Casás
La Malla que hoy se celebra en Os Casás tiene detrás una historia que comenzó mucho antes de que los cinco vecinos que actualmente se encargan de ella asumieran el relevo.
Uno de los principales impulsores fue Conrado Gil, ya fallecido. Su afición por la mecánica le llevó a comenzar a recuperar y restaurar maquinaria y motores destinados a la malla cuando se jubiló. Lo que empezó como una inquietud personal fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un proyecto colectivo.

Durante años, la antigua asociación se encargó de localizar, adquirir y restaurar diferentes máquinas. Algunas fueron compradas y otras llegaron gracias a familias de la zona que decidieron donarlas. El objetivo era conseguir que aquellas piezas que habían quedado apartadas pudieran volver a funcionar.
'Restaurar y seguir manteniendo las máquinas como están, en funcionamiento todas', era la idea que guiaba aquel trabajo.
La colección fue creciendo y, con ella, la necesidad de disponer de un lugar donde conservar todo ese patrimonio. El Ayuntamiento construyó una nave destinada a albergar las máquinas restauradas, que quedaron reunidas y protegidas en un mismo espacio.
Una nave que guarda la memoria de las familias
Hoy, entrar en esa nave supone encontrarse con una parte de la historia agrícola de Os Casás. Allí se conservan motores empleados para la Malla y otras máquinas relacionadas con diferentes fases del trabajo del campo.

La pieza más antigua de la colección data de 1914. Cada máquina tiene además su propia historia y está identificada mediante una placa en la que aparece el año al que corresponde, cuándo fue restaurada y la familia que la donó.
De esta forma, la colección no solo permite conocer cómo se realizaban aquellas tareas. También deja constancia de las familias que participaron en la recuperación del patrimonio y de las personas que dedicaron tiempo a devolver la vida a unas máquinas y motores que llevaban años apartados.
Durante la jornada de la Malla, la nave abre sus puertas para que vecinos y visitantes puedan entrar, conocer la colección y entender para qué servían aquellas piezas.

Cinco vecinos toman el relevo
La historia de la Malla tuvo que enfrentarse también a un momento complicado. Con el paso de los años, la antigua estructura organizativa fue perdiendo fuerza y la pandemia provocó un parón en la celebración. Hubo un momento en el que la continuidad de la fiesta llegó a estar en riesgo.
Fue entonces cuando José Tojeiro, Luciano González, Miro Mourente, José Manuel Luaces y Benigno Piñeiro decidieron dar un paso adelante para evitar que todo el trabajo realizado hasta entonces quedase atrás. Los cinco vecinos asumieron el relevo y volvieron a poner en marcha la celebración.
Ahora son ellos quienes se encargan de organizarla y de mantener en funcionamiento las máquinas. Una responsabilidad que va más allá de un único día, ya que implica cuidar y conservar todo el patrimonio que se fue reuniendo durante años.
La situación de Os Casás tampoco facilita la tarea. Quedan pocas casas y buena parte de sus habitantes son personas mayores. Al mismo tiempo, hay vecinos que llegaron de otros lugares y que no vivieron directamente aquella época.

Por eso los actuales responsables tienen claro cuál es su prioridad. 'El objetivo es mantener lo que hay', explican. Y lo resumen todavía de una manera más directa: 'Aguantar lo que hay'.
El futuro pasa por encontrar un nuevo relevo
La continuidad de la Malla dependerá también de que más personas se impliquen. En las últimas ediciones se han incorporado vecinos de la parroquia y personas llegadas de otros lugares. El año pasado, según explican los organizadores, llegaron a contar con cerca de 30 personas colaborando durante el trabajo de la Malla.
La intención es que ese grupo pueda seguir creciendo y que el peso de la organización no recaiga siempre sobre las mismas personas. Los cinco responsables actuales son conscientes de que algún día tendrán que dejar paso a otras generaciones. Comentan que contemplan también la posibilidad de recuperar una estructura asociativa que permita repartir mejor el trabajo y facilitar el acceso a ayudas.
Más allá de la organización, existe también una razón sentimental para no dejar caer todo lo conseguido. Detrás de las máquinas hay años de trabajo y muchas horas dedicadas a restaurarlas, además de un sentimiento de unión entre vecinos, tanto por el patrimonio como por la celebración. 'Cuántas horas de trabajo pasaron aquí y ahora dejar morir todo parece que fastidia', reconocen los organizadores.

La XVI Malla Tradicional será el sábado 29 de agosto
Todo ese trabajo volverá a hacerse visible el próximo sábado 29 de agosto, cuando Os Casás acoja la decimosexta edición de su Malla Tradicional.
La jornada comenzará a las 11.00 horas con la recreación de las antiguas tareas agrícolas y permitirá volver a poner en funcionamiento parte de la maquinaria restaurada. Durante el día también se abrirá la nave para que los asistentes puedan visitar la colección. Después llegarán la sesión vermú, la comida popular y la música, prolongando la celebración durante la tarde y la noche.
Una vez más, el trigo volverá a pasar por las máquinas y el sonido de los motores volverá a llenar Os Casás. Durante unas horas, una forma de trabajar que desapareció del campo volverá a estar presente, no solo para recordar cómo era, sino para intentar que quienes vienen detrás sepan que alguna vez existió.