La correspondencia de Alejandra Murguía revela aspectos desconocidos de las vidas de Rosalía de Castro y Manuel Murguía

La USC publica el epistolario que la primogénita del matrimonio mantuvo con Ángela Santamarina entre 1916 y 1925
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17 Oct 2026

La Universidad de Santiago de Compostela (USC) ha publicado Cartas de Alejandra Murguía de Castro a Ángela Santamarina (1916-1925), un epistolario que aporta nuevos datos sobre la familia Murguía-Castro y recupera la figura de una mujer que permaneció durante décadas a la sombra de sus padres. La obra, editada por Dolores Vilavedra y prologada por Xesús Alonso Montero, inaugura la nueva Biblioteca de la Cátedra Rosalía de Castro.

El libro se presentó este viernes, 16 de octubre, en la biblioteca del Instituto de la Lengua Gallega, en Santiago de Compostela. Las cartas permiten reconstruir la amistad entre Alejandra y Ángela Santamarina, además de ofrecer información relevante sobre la vida de Rosalía de Castro y Manuel Murguía.

Alejandra Martínez-Murguía de Castro nació en Santiago de Compostela el 12 de mayo de 1859 y fue la primogénita de Rosalía de Castro y Manuel Murguía. Desde muy joven mostró aptitudes para el dibujo y la pintura y se formó en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Santiago, una de las pocas instituciones gallegas que ofrecían entonces formación artística a las mujeres.

Dibujante, pintora e ilustradora, realizó acuarelas, retratos y grabados, y también contribuyó a la formación artística de su hermano Ovidio Murguía. Colaboró en publicaciones como La Ilustración Gallega y Asturiana, dirigida por su padre, para la que diseñó la cabecera utilizada desde julio de 1879. Además, trabajó como ilustradora de monumentos, edificios y objetos para los estudios históricos de Manuel Murguía.

Su aportación a la cultura gallega se extendió también a la tradición oral. Alejandra recopiló versos, refranes y composiciones populares que compartió con investigadores como Víctor Said Armesto, Casto Sampedro y Perfecto Feijoo. También contribuyó a la recuperación de la Alborada de Rosalía, al interpretar la melodía compuesta por su madre para que pudiera ser transcrita. Asimismo, está documentada su participación en el diseño del estandarte encargado en 1891 por el Centro Gallego de La Habana, vinculado al proceso histórico de construcción de los símbolos del galleguismo.

Sin embargo, su carrera artística quedó interrumpida por las responsabilidades familiares. Tras la muerte de Rosalía, en 1885, Alejandra asumió el cuidado de su padre y de sus hermanos, dejando en segundo plano sus propias aspiraciones. Llegó a rechazar un puesto como restauradora en el Museo del Prado porque Manuel Murguía no quería que se trasladase a Madrid.

Su vida personal también estuvo condicionada por las decisiones paternas. Según recoge Ricardo Carvalho Calero, el abogado e intelectual Joaquín Arias Sanjurjo pretendió casarse con ella, pero Murguía rechazó la petición porque consideraba que su hija debía permanecer soltera para cuidar de sus progenitores. Alejandra murió en A Coruña el 22 de marzo de 1937, soltera y sin descendencia.

Nuevas claves sobre Rosalía y Manuel Murguía

Aunque la correspondencia fue escrita décadas después de la muerte de Rosalía, las cartas ofrecen información biográfica de interés. Dolores Vilavedra destaca las referencias de Alejandra a los cinco abortos que había sufrido su madre, un dato que puede abrir nuevas vías de investigación sobre la vida de la escritora y su obra. El epistolario también aporta información sobre Rosalía como escritora profesional y sobre la gestión de sus derechos de autora por parte de la familia.

Las cartas permiten, además, conocer una dimensión más personal de Manuel Murguía. Junto a la admiración y el afecto que le profesaban sus hijas, los escritos reflejan el carácter absorbente del padre y la precariedad económica que marcó los últimos años de la familia. También ofrecen pistas sobre el destino de su biblioteca tras su fallecimiento.

La destinataria de las cartas, Ángela Santamarina Alduncín, conocida como Angelita Varela, había nacido en Tandil, Argentina, en 1863. Fue marquesa de la Atalaya Bermeja y condesa del Valle de Oselle, además de filántropa y protectora de iniciativas culturales. En 1925 fundó la Fundación Santamarina de Temes, destinada inicialmente a la atención y educación gratuitas de niñas huérfanas sin recursos.

Las cartas de Alejandra se conservan en el archivo personal de Santamarina, integrado en los fondos de la fundación. La publicación de este epistolario pone de manifiesto el valor de estos archivos para profundizar en el conocimiento de la historia y la cultura gallegas y recuperar figuras como la de Alejandra Murguía, cuya trayectoria artística y cultural quedó durante mucho tiempo eclipsada por la de sus padres.

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