Óscar Rodríguez, campeón del mundo de oratoria: "Galicia tiene más campeonatos del mundo que el resto de España"

El lucense ganó el Mundial de Oratoria en Español 2026 en Colombia tras quedar subcampeón en 2024. Su trayectoria comenzó con una lesión que lo alejó del baloncesto y una frase de un profesor que lo llevó al debate, una disciplina que hoy promueve entre los jóvenes a través de la asociación Más Debate
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8 Nov 2026

Jessica Fernández

"Es un absoluto privilegio haber ganado este Mundial. Compartirlo con 400 participantes y llegar hasta aquí es fantástico". Así resume Óscar Rodríguez de Vivero la experiencia que acaba de vivir en Cali (Colombia), donde se proclamó campeón del Mundial de Oratoria en Español 2026. El estudiante lucense de la Universidad Carlos III de Madrid se impuso en la final a la colombiana Mariángel Solano Mendoza, de la Universidad Industrial de Santander, y consiguió el título que se le había escapado dos años antes en Buenos Aires.

La victoria tiene también una dimensión colectiva para el orador, que reivindica el papel de Galicia en esta disciplina. "España ha tenido tres campeones del mundo y dos somos gallegos, es decir, Galicia tiene más campeonatos del mundo que el resto de España", destaca. Rodríguez se muestra orgulloso de representar a su tierra en una competición internacional en la que, además, desde hace dos años solo puede participar una persona por país. "Es un privilegio haber podido representar a España y haberlo hecho dos veces, en 2024 y ahora", añade.

El certamen, organizado por la Liga Española de Debate Universitario (LEDU) y la Red Latinoamericana de Cooperación Universitaria (RLCU), alcanzó su sexta edición con más de 400 participantes de 22 países. Tras una primera selección de cien candidatos basada en sus méritos y resultados anteriores, los aspirantes tuvieron que defender un discurso evaluado por un jurado profesional y por el público en las redes sociales. Los cuatro mejor clasificados accedieron a la fase final, a la que Rodríguez llegó como primero de la fase previa.

Competir en español no significa, sin embargo, hacerlo en las mismas condiciones lingüísticas y comunicativas. El lucense explica que preparar una intervención para un público de distintos países obliga a revisar tanto las palabras como el estilo. "No solo es diferente el lenguaje, sino que también es diferente el estilo. Hay algunas palabras que no van a entender o que no existen", señala. Él mismo tuvo que modificar algunas expresiones en sus discursos: "En las primeras versiones hablaba de mi instituto y después tuve que cambiarlo por 'colegio', porque 'instituto' puede que no lo entiendan en algunos países".

Las diferencias también afectan a la manera de interpretar un discurso. "La oratoria hispanoamericana tiende a ser bastante más teatral", explica. Por eso, considera que uno de los mayores retos del Mundial consiste en mantener la identidad propia sin perder la conexión con el jurado. "El equilibrio entre no renunciar a tu estilo, pero conseguir el voto, en este caso de un 60 % del jurado que no era español, es una de las cosas más complicadas".

Un viaje, una vendedora de fruta y una reflexión sobre el compromiso

La final incluyó dos discursos: uno de tres minutos sobre un tema obligatorio y otro de cinco minutos de temática libre. En la primera intervención, Rodríguez tuvo que responder a la pregunta de si viajar nos convierte en ciudadanos del mundo o en turistas de la vida de los demás. Para defender su postura, recurrió a la imagen de una persona que fotografía a una vendedora de fruta sin preguntarle siquiera su nombre.

"El problema no es mirar. El problema es mirar sin deber nada", afirmó. A partir de esa escena, argumentó que conocer otros lugares no implica necesariamente comprender a las personas que los habitan ni asumir una responsabilidad hacia ellas. "Yo defendí la idea de que para ser un ciudadano se requiere tener una responsabilidad hacia un sitio, no ser un turista de vidas ajenas".

La diferencia, según desarrolló, está en los compromisos que se adquieren con la comunidad. "Un ciudadano tiene ciertas obligaciones con su ciudad: vota, paga impuestos y colabora con sus vecinos, por ejemplo, mientras que un turista no tiene esa responsabilidad, simplemente consume". Rodríguez relacionó esta reflexión con el modelo de turismo rápido, basado en viajar a bajo coste, visitar los lugares más conocidos y marcharse hacia el siguiente destino.

"Volar por 15 euros, alojarte en un hostal, hacer una foto a los tres sitios principales de la ciudad e irte a la siguiente no tiene nada intrínsecamente malo, pero desde luego no es suficiente para considerarse ciudadano o perteneciente a un lugar distinto al que ya eres", sostiene. Su argumento no cuestiona la posibilidad de viajar, sino la idea de que acumular destinos basta para sentirse parte de otras realidades.

En la semifinal también tuvo que responder a una cuestión sobre civismo: si una sociedad puede ser cívica cuando necesita vigilar a sus ciudadanos para que cuiden lo que es común. Rodríguez defendió que esa vigilancia puede tener un sentido positivo cuando procede de la propia ciudadanía, a través de gestos cotidianos como observar si alguien tira basura al suelo o habla demasiado alto en el transporte público. Para él, esa mirada mutua puede contribuir a que los valores compartidos prevalezcan sobre la comodidad individual.

Tres palabras que cambiaron su camino

El discurso libre de la final, titulado "Lo que decimos sin pensar", fue más personal. Rodríguez decidió contar cómo llegó al debate por casualidad y cómo una frase aparentemente insignificante acabó marcando su trayectoria.

A los 16 años, su principal objetivo era el baloncesto. Tenía proyección, había sido convocado con la selección española y jugaba en la máxima categoría autonómica. Una lesión de rodilla interrumpió aquella etapa y le dejó más tiempo libre. Coincidió entonces con la creación de un club de debate en su colegio. Tres compañeros necesitaban una cuarta persona para completar el equipo y preguntaron a los profesores a quién podían llamar.

"Uno de ellos, hablando de mí, dijo: 'Ese no habla mal'", recuerda. A partir de aquella recomendación contactaron con él y comenzó a participar en competiciones. Lo que inicialmente fue una alternativa para ocupar el tiempo acabó convirtiéndose en una actividad en la que encontró una nueva manera de competir y expresarse.

"Empecé a debatir por casualidad", resume. Su incorporación al equipo le llevó a conseguir el reconocimiento como mejor orador escolar de Galicia, dar el salto a la universidad y participar en la sociedad de debate de la Carlos III. En 2024 fue elegido mejor orador de la LEDU y llegó a la final del Mundial de Oratoria en Español, donde perdió por una diferencia ajustada ante el también español Alberto García Chaparro.

La elección de la historia personal para la final de Cali respondió también a una decisión consciente sobre el estilo. "No elegí hablar de esto porque sea el mejor discurso. Personalmente, creo que, a nivel formal, estilístico y retórico, el discurso libre de las semifinales era mucho mejor", reconoce. Sin embargo, consideró que una historia propia podía ayudarle a conectar con el público y contrarrestar el tono más emocional que esperaba de su rival.

"Tenía que ir hacia una historia más personal, sin que fuese sentimentalismo puro, pero sí una historia con la que pudiesen conectar y que, a la vez, fuese un poco representativa", explica. La reflexión final trasladaba el episodio de su adolescencia a un problema cotidiano: el efecto que pueden tener las palabras sobre personas que no están presentes. "¿Cuántas cosas que dijimos, también sin pensarlas, les pudieron cerrar puertas a los demás?", preguntó. La idea quedó resumida en una frase: "Lo barata que sale una frase pequeña y lo caro que puede salir lo contrario".

Comunicar mejor también es pensar mejor

Rodríguez no entiende la oratoria únicamente como una herramienta para convencer. A su juicio, los beneficios van desde la capacidad de defender una idea ante un público hasta la de organizar el propio pensamiento. "Ser un mejor comunicador tiene el efecto fundamental de poder ser más persuasivo en todos los aspectos", afirma.

Pone ejemplos que van desde la defensa de un trabajo académico hasta la presentación de un proyecto profesional. "Cuando defiendes una tesis de fin de grado, un trabajo en el instituto, un proyecto ante tus jefes o negocias una ronda de inversión si eres emprendedor, tienes herramientas que puedes desplegar y que te permiten leer mejor a tu audiencia, comprenderla mejor y resultar, o parecer, más solvente".

Esa capacidad, matiza, no puede sustituir al conocimiento. "Nunca es un sustituto del fondo. No por ser buenos comunicadores se puede vender humo constantemente, especialmente cuanto mayor sea el nivel de nuestra audiencia". Saber comunicar es, en su opinión, una condición necesaria para transmitir una idea con claridad, pero no suficiente: también hay que conocer aquello de lo que se está hablando.

El segundo beneficio está relacionado con la manera de pensar. "Cuando desarrollamos la costumbre de comunicar, y sobre todo de comunicar haciendo buenos discursos y buenos debates, también estructuramos nuestro propio pensamiento. No son cosas distintas pensar y comunicar". Por eso, considera que la práctica permite ser más analítico, claro y conciso. "Muchas veces sucede que, cuando formas a una persona en comunicación, a un líder empresarial, gracias a la oratoria consigue saber qué quiere decir. Ya no se trata solo de decir bien lo que quería decir, sino también de saber con más claridad qué quiere decir".

Tampoco cree que la facilidad para hablar en público dependa exclusivamente del talento natural. Reconoce que influyen factores como la voz, la presencia física, la capacidad analítica o la seguridad, pero insiste en que todas las personas pueden mejorar. "No todos pueden, a lo mejor, ganar un premio de oratoria o de comunicación, pero desde luego sí se puede mejorar mucho".

Para conseguirlo, identifica tres elementos: conocer los recursos básicos, practicar y recibir orientación. El primero incluye la estructura del discurso, la argumentación y el lenguaje no verbal; el segundo resulta especialmente importante para quienes sienten nervios o miedo escénico. El tercero consiste en recibir valoraciones que permitan identificar los errores. "Tener a alguien que sepa más que tú, que te pueda ayudar a mejorar y comentar tus intervenciones, es muy importante".

Más Debate, una cantera de talento en Lugo

Esa defensa del aprendizaje está directamente relacionada con su trabajo en la Asociación Más Debate, que preside y desde la que promueve el pensamiento crítico y la oratoria entre los jóvenes. Uno de los principales proyectos de la entidad es Lugo Debate, un torneo que reúne cada año a más de 200 estudiantes de ESO, Bachillerato y universidad de toda Galicia.

Rodríguez destaca que Lugo cuenta con una tradición de debate que se ha ido extendiendo entre los centros educativos. "Todo esto lo empezó Maristas, un profesor, Manolo Barrero, que comenzó organizando los torneos de debate. Fueron chicos de ese colegio, que salieron de allí y vinieron al mío, los que montaron el club en mi instituto, y así se fue pasando de un colegio a otro".

El resultado es una comunidad de estudiantes que consigue destacar en competiciones de ámbito estatal. "Tenemos un montón de gente. En Más Debate organizamos torneos escolares y, por ejemplo, Ángel y Carmen, dos chicos del Ollos Grandes, quedaron entre los 50 primeros de España en la categoría escolar". Para el campeón mundial, estos resultados demuestran que una ciudad del tamaño de Lugo puede tener una presencia destacada en una disciplina que requiere preparación y continuidad.

Su propia historia también explica la importancia que concede a este trabajo. Una recomendación casual le permitió descubrir el debate y acceder a oportunidades que no contemplaba. La asociación busca que otros estudiantes puedan hacer ese mismo descubrimiento, al tiempo que desarrollan habilidades que les serán útiles dentro y fuera de las competiciones.

La influencia de la familia también contribuyó a su interés por la comunicación. Su padre, Juan Carlos Rodríguez, estuvo vinculado a Radio Lugo, y su madre es profesora. "De pequeño, pasaba las mañanas en la radio. A mí siempre me ha gustado mucho la comunicación y el periodismo. De hecho, en muchos momentos de mi vida me he planteado estudiar Periodismo", cuenta. Su abuelo también fue político y escritor, por lo que la comunicación estuvo presente en su entorno desde la infancia.

"Crecer con libros, crecer hablando de actualidad, escuchando y leyendo el periódico, es algo importantísimo", añade. Considera que ese hábito le resultó especialmente útil en el debate, donde a veces solo hay quince minutos para preparar una pregunta. Llegar a ese momento con una base amplia de conocimientos facilita construir argumentos y responder con criterio.

El campeón también reflexiona sobre la presencia de las mujeres en los puestos más destacados de la oratoria. Según los datos del circuito español que maneja, alrededor del 60 % de las personas participantes son mujeres, pero nueve de los diez mejores oradores de los últimos diez años han sido hombres. En el Mundial, cinco de los seis campeones también son hombres y, entre los quince primeros clasificados de este año, doce son hombres.

"Creo que una de las características fundamentales para ser persuasivo es, en cierto punto, tener mucha seguridad en uno mismo y poco miedo a ser juzgado", apunta. Se pregunta si esa confianza puede estar distribuida de manera diferente, aunque aclara que se trata solo de una hipótesis. "¿Puede haber un sesgo por parte del jurado? Por supuesto. También creo que esto de la seguridad influye, aunque hay mujeres que comunican fantásticamente y hemos tenido un montón de mujeres en la política o en otros campos que han sido muy persuasivas".

Finanzas, diplomacia y formación

Aunque la oratoria ocupa una parte importante de su vida, Rodríguez no quiere limitar su futuro a la competición. Estudia Economía y Estudios Internacionales, dos áreas que le han abierto diferentes intereses profesionales. "Por la parte de Economía, lo que más me ha gustado han sido las finanzas y la banca. Y por la parte de Estudios Internacionales, la diplomacia y la cooperación".

Al mismo tiempo, ya desarrolla actividad como formador en universidades y colegios mayores, donde imparte clases de debate y oratoria, y asesora a líderes empresariales en comunicación. Es una faceta que quiere mantener, incluso si en el futuro desarrolla su carrera en otros sectores.

"Ahora también soy formador en varias universidades, colegios mayores y demás, dando clases de debate, dando clases de oratoria, también asesorando a líderes empresariales. Eso es algo que sí me gusta y que, aunque probablemente haga más cosas, no me gustaría abandonar".

El título conseguido en Colombia refuerza así una trayectoria que comenzó por casualidad, creció gracias a la competición y continúa en el trabajo educativo. Desde Lugo, Rodríguez quiere seguir contribuyendo a que más jóvenes descubran el valor del debate, no solo como una manera de hablar mejor, sino también como una forma de pensar, escuchar y comprender a los demás.

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